Principio de la altimetría

La observación de los océanos desde el espacio se encuentra con un obstáculo mayor: las ondas electromagnéticas emitidas y recibidas por los satélites no penetran en profundidad, limitando las medidas a la superficie. Los satélites altimétricos miden bien en superficie, pero la altura del mar estimada integra los efectos acumulados por numerosos fenómenos sobre toda la columna de agua.

El altímetro emite una onda radar y la analiza después de ser reflejada por la superficie. El nivel del mar es igual a la diferencia entre la distancia satélite-superficie (deducida del tiempo que tarda la onda en ir y volver) y la posición del satélite respecto a una superficie de referencia arbitraria (el centro de la Tierra, o una superficie regular que se aproxime a su forma real, el elipsoide de referencia). Además del nivel del mar, podemos conocer la altura de las olas y la velocidad del viento (a partir de la amplitud y de la forma de onda reflejada).

Velocidad del viento medida por el Topex/Poseidón. (Credits Aviso).

Aunque esto parezca simple sobre el papel, su realización es compleja. Para obtener una medida de precisión centimétrica (sobre una distancia de varias centenas de kilómetros), se necesita una enorme precisión en el cálculo de la posición del satélite dentro de la órbita. Sistemas de localización como Doris permiten reducir a 2 cm esta incertidumbre. También se ha de tener en cuenta cualquier mínima perturbación que sufra la onda radar. El agua, los electrones en la atmósfera, el estado del mar,... modifican el tiempo de su recorrido, provocando un cálculo de la distancia incorrecto. La medida de estos efectos perturbadores (a través de instrumentos anexos o mediante el uso de varias frecuencias) o su estimación a partir de los modelos, permite corregir la medida altimétrica.

(Credits Aviso)