Entender y predecir El Niño

Anticipar, alertar y proteger

Desde 1990, un sistema de observación in situ ha sido instalado en el Pacífico y además nuevos satélites exploran permanentemente el conjunto de los océanos. El Niño 1997-1998 fue el primer acontecimiento seguido de cerca. La misión Topex/Poseidón ha mostrado que la altimetría precisa por satélite permite reconocer los caracteres generales de tal fenómeno con varios meses de anticipación.

Las redes de observación han ofrecido la posibilidad de probar y afinar los conocimientos científicos y los modelos numéricos del clima, representación matemática de los movimientos del océano y de la atmósfera. Por primera vez, los climatólogos han proporcionado previsiones estacionales sobre el plano mundial. Si bien no podemos evitar los caprichos climáticos de El Niño, los estudios sobre su previsión y sobre sus impactos deben permitir predecirlo y reducir sus s efectos nefasto.

Es necesario establecer un sistema de alerta para gestionar los riesgos naturales, que se encargue de:

  • sensibilizar e informar,
  • proteger a la población de inundaciones y enfermedades,
  • administrar los bosques, los recursos hidráulicos u otra energía, la agricultura (por ejemplo desarrollando nuevas variedades de cereales resistentes),
  • o proteger el medio ambiente y ayudar a la acuacultura, las pesquerías y la pesca de altura (por ejemplo, vigilando los recursos haliéuticos).

 

La red de observación in situ (1) está formada por las boyas meteo-oceánicas ancladas en el fondo del océano (proporcionando datos sobre las condiciones atmosféricas de la superficie y las condiciones oceánicas bajo la superficie), por las boyas deriva (que miden la temperatura y la corriente) y por los mareógrafos costeros. Para completar la red, algunos buques comerciales están equipados con material científico y realizan un muestreo sobre los perfiles verticales de temperatura durante sus viajes. La mayoría de los datos son transmitidos continuamente y en tiempo casi real por el sistema Argos.

Para tener una visión global del Pacífico, los oceanógrafos utilizan particularmente los datos altimétricos (2), medidas precisas y fiables de las variaciones de la superficie de los océanos, las corrientes marinas, y los cambios de contenido de calor en el océano. Otros satélites son utilizados para observar la temperatura, el viento de superficie o el color del agua.

La utilización del conjunto de observaciones permite ajustar en tiempo real las condiciones iniciales y forzar a los modelos de previsión a ser coherentes con las observaciones (3).